nuevo canal interoceánico

 


Te propongo construir
un nuevo canal
sin esclusas ni excusas

que comunique por fin
tu mirada atlántica
con mi natural pacífico.

                           

                          M.Benedetti


Pasado, pesado y pisado

 

no son tres personajes de cuento. Son un hecho tan real como incierto. Engendran, en sí mismos, infinitas historias e histerias. Pasado, pisado y pesado son tres amigos (?) que muchos conocemos, desde la infancia, y ahí empieza el cuento.

Pasado es un tipo olvidado, apartado de la sociedad sin tiempo, reducido por el sistema de trabajo a la importancia que puede tener un comentario en un fascículo de historia de américa para un chino que no compra el periódico, en este caso El Mundo. Y es natural, todo el mundo comprende, que el imperativo del presente ejerce su dictadura en el ahora y nada más, y ni pasado ni futuro existen. Es inevitable y es a la vez obvio. Pasado está enterrado bajo una montaña de fichas y relojes, coches, cosméticos, prisas, playas, idas y avenidas, trabajos estudios parientes y periódicos. No estoy seguro, quizá sean ya varias montañas.

Pero el problema no es ése, sino otro mucho más profundo. Pasado, fué, en algún momento, un niño pequeño. Lo que peradójicamnete nos hace pensar en el pasado de Pasado. Y es aquí donde os recuerdo el significado alegórico de "pasado": cuando alguien está "pasado" no está ya muerto, ni siquiera enterrado bajo varias montañas de olvidos, sino loco.

Por lo demás Pasado hubiese pasado a ser un personaje olvidado en esta historia, pues no es más que un niño que iba  al mismo colegio, pero a otra clase. Pero ahí es donde entra en la historia el amigo Pisado.

Pisado fué también un niño pequeño.

Pero ese no es el problema, el problema es que nunca dejará de serlo. Pisado es un piter pank con mirada triste y mueca de animal dolorido. Quizá por el propio hecho de ser quien es, no recuerda. Recordad: Re- cordis, literalmente: volver a pasar por el corazón, y por tanto volver a sufrir. Nadie quiere. Él tampoco, aunque ya sea catalogado como un Loco.

Pisado una y otra vez intentó ser otro, pero ni siquiera llegó a ser él mismo. Pero esa es otra histeria.

Dicen que Pisado conoció a Pesado hace poco. Es un señor gordo. Casi calvo, serio, aburrido diría yo. Su presencia es casi transparente, pero presencia, y su silencio se hace...Pesado es un ser normal, un ciudadano medio tirando a obeso, un culo quieto, un fruncionario de ceño. Pisado y pesado no se llevaron bien un tiempo. Tampoco del todo mal. Son esos amigos que se apoyan el la misma barra del bar y ven el mismo partido de futbol en el mismo televisor, pero no comparten la cerveza.  

Y aquí es donde me confieso, este cuento me lo estoy inventando sobre la marcha, mientras afuera el verano firma su fin en un día  que llueve gris, lo cual no quita de que sea una historia verdadera y por lo tonto con su final. 

Pero no me queda más tiempo para contar, ese es el verdadero problema.

 Y no tengo ni puta idea del final. Sólo me viene a la cabeza una frase:

 

Porque pasado fué Pisado es tan pesado ahora.

 

suerte que este cuento sea de a muchas y este diario de a dos,

de atrás para adelante también se escribe...

claro que acá afuera no es verano; es invierno todavía y las cosas, entonces, se ven de otra manera...sobre todo porque tampoco llueve, porque la sequía es mucha y es desde lejos; pero aunque las latitudes sean distintas, los pesos son parecidos, en gramos, en kilómetros o en historias...

 si cuando pisamos nuestro pasado se hace cada vez más pesado, será entonces que tendremos que sacar el pie de tantos gritos ahogados y recuerdos añejos y dolores enterrados. A lo mejor es como con las heridas; si cicatrizan mal y se las tapa con curitas, al final se pudren, o se infectan...abrir la herida vieja, mirarla a la cara, lamerla, dejarla al aire de eso que es ahora, que se embadurne de presente, que constate con sus propios ojos que los monstruos ya se marcharon, que llevar viejos pesos en la mochila, la casa entera, ya no es necesario...Viajar con la mochila casi vacía, o llena de lo imprescindible, con lugar suficiente para albergar lo que todavía no ocurrió. Esta vez, con bolsillos grandes y enormes a los costados o en todas partes, especialmente diseñados para recoger la magia que está en cualquier esquina, cuando se la puede ver.

 y ese tiempo, el tiempo de poder ver, lleva tiempo. Hasta que sucede.

llueve...

a veces es eso, no? hacía falta apilar un madero con otro para construir puente y entonces ahora acá llueve, mucho, bastante; llueve aunque estemos aun océano de distancia, ahí donde dejé tantas cosas...creo que escribir sin pensar es lo mejor; q después las cosas se ordenan, adquieren cierto sentido.
 si alguien está ahí, al otro lado, por favor: cuide a todas esas miradas, abríguelas de noche, si hace frío; digalés que ya iré, que me retrasé un rato para avanzar después sin tanto dolor en el pie derecho; digalé a esas tantas miradas que las extraño, pero que es mejor así, ahora, que después va a haber más colores para mezclar...

                      

                   (a lo mejor ya no sea necesario usar moco para pegar castillitos

                               a lo mejor ya no haga falta edificar en lo efímero de la arena

                                  a lo mejor ya no sea necesario defenderse del miedo a lo permanente...)


...y yo sin paraguas

 

Para comenzar la histeria desde el principio es necesario, además de un puente que permita el paso de la escritura automática, volver la vista atrás ciertas tardes. Aveces dudo por dónde empezar y entonces recuerdo las palabras del viejo Antonio, que decía que la lucha, como en este caso el modo de contar la historia, es un círculo, se puede empezar en cualquier parte, pero nunca termina.

quizá por eso, porque tú volviste los ojos de las palabras al bosque de boj y roble que fué casa, buscando ahora que no te escuchan las orejas puntiagudas de ciertos duendes, aparece en este momento lo que sigue, hoja seca que nació, creció y cayó en ese mismo pueblo que siempre seremos ya sin nunca más estar, si existiese nunca-más

 

Te vas porque me quieres, y me necesitas y eso es malo, sobre todo cuando NO ESTOY. Te vas y se quedarán en silencio los tejados cuando todo vaya mal. No jugaremos más que a juegos de mayores y no encontraré el telescopio por el que observar tus ojos. Te vas porque NO ESTOY y yo me quedo aquí, exactamente en el punto donde no estoy, ni soy, ni quiero. Me qeda el consuelo de hacerme invisible poco a poco. De que nadie más se fije en mi para que nadie más se de cuenta de que NO ESTOY. Me quedo con la rabia de saber que estaba a punto de llegar, que solo me había distraído un momento y zas! Me caí en mi propio pozo. Me quedo mudo ante el asombro de verte sin ESTAR AQUÍ. Me quedo porque te quiero y te necesito y no, no estoy. Y eso es malo, sobre todo cuando tú tampoco estás pero hay una esperanza de que estés viniendo, de que sólo te hayas despistado un momento mirando el reflejo del monstruo en el espejo del agua del pozo.

pared

en la memoria del bosque que fué casa, se extienden como recuerdos, ramas que sueñan ser brazos, poemas que dicen otros...

 

de la casa de San Andrés de los Tacones

sólo sigue en pie una pared de piedra.

Detrás de esa pared nació mi madre,

y la madre de mi madre,

y la madre de la madre de mi madre.

y yo.

Y mi abuelo, Luis,

murió detrás de esa pared.

En los alrededores de la casa

había una pomarada, un hórreo y un río

al que iban mi madre y sus hermanas

a lavar la ropa y a lavarse ellas.

Luego, construyeron el embalse,

y las aguas

anegaron el río,

derribaron el horreo

y empodrecieron las manzanas.

Y ayer

fui a renovar el carnet de identidad.

¿lugar de nacimiento?, me preguntaron.

San Andrés de los tacones, respondí.

Pero no pudieron encontrar

mi aldea en su ordenador.

Busca san Andrés, dijo un policía.

Tampoco.

Mira a ver por Andrés.

No.

Prueba con tacones, dijo otro policía.

Ni rastro.

Así que cuando salí de comisaría

había vuelto a nacer,

solo que esta vez en la ciudad de Gijón.

Con todo, la pared de piedra

de la casa de san andrés de los tacones

aún sigue en pie.

Como un poema.

O mejor:

Como una semilla.

                                                (Pared, David Gonzalez)

...




uffffffffffffffffffffff
golpe bajo. de repente, la palabra que se me formó en la mente, arriba de los ojos, fue: "golpe bajo". letras que conocía, que alguna vez leí y releí hasta cansar mi vista; letras que finalmente un día puse en mi caja e cartas donde guardo todo lo que alguiene me escribió desde la primaria y que si me acercase un poco ahora y agarrase una escalera, podría recuperar.
 la sensación de golpe bajo es acompañada por un nudo extraño en la panza y una leve sospecha de si no estaré jugando con fuego y una certeza total de no querer quemarme y una certeza parcial pero bastante grande de haber aprendido a jugar de otras maneras...
 

"Creo que mi gran error fue besarte, tocarte y hacerte beber un trago cuando lo que necesitas es un mar en que nadar.Ahora mismo soy un cuentagotas ,o un grifo cerrado que habres y solo salen unas gotas porque tiene atascados recuerdos de otras manos,en fin ,que yo no stoy
enamorao de ti aunque te quiera como te quiero y aunque intente darte todo lo que puedo de lo que tu necesites .que gran error que yo senti tan pequeñito,...pero intento mirarlo con tus ojos y quiza sea enorme como el dolor o el vacio o los miedos,en fin espero que nadie mas se enamore de mi,estoy aprendiendo que conmigo ese amor es sinonimo decunto-mas-lejos-mejor
cuidate mucho,te quiero como puedo"

hay una cosa que se llama sincronía, otra que se llama espiral, una tercera que se apellida relatividad. El pasado vino de repente cargado con bastantes valijas con cosas distintas, desde distintos lados. Una de ellas trajo palabras extrañísimas llenas de explicaciones sobre algo que pasó, sobre uno que fuiste sobre la que fuí en esos instantes largos, a veces tremendos. A lo mejor era que me faltaban algunas fichitas de rompecabezas para cerrar capítulos y las tenías vos y por surtee viniste a dármelas. Y por suerte no borré un mail viejo y pude entenderme, a mí, ahora: aún necesito océanos donde nadar...nada tan claro...aún necesito océanos donde nadar, entonces mejor buscar ese agua en el océano que la tiene en lugar de en los desiertos o en las fuentes que se secan en verano; esa frase, pekeño señor filósofo, me cayó como reveleación: estos años me enojé con los varones-vaso, porque eran vaso; porque no había entendido con tanta claridad como la del otro día; que lo que necesito es lo que necesito y que quien no lo tiene no lo tiene. No es que no sea digna de recibir océanos, es simplemente que a veces los océanos de esas manos no son para mí; del mismo modo que mis propios océanos, alguna vez, se convirtieron en arena.

 con tanto pasado, el tiempo de repente se acelera...

no estoy segura de querer subirme a aquel tejado y seguir recordando. no estoy segura de querer tejer desde ahí. todavía no aprendí a desmelancolizar los recuerdos...

agradezco que los puentes sirvan para ir y para volver, para llevar y para traer, para intercambiar.

pero la pregunta aparece, para qué es este puente?


escrito de a dos

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